Bolivia al borde del derrumbe gasífero: atrapada entre Vaca Muerta y Brasil

Imagen de referencia

Bolivia enfrenta una profunda crisis del gas, marcada por el agotamiento de reservas, la caída de producción y la pérdida de mercados clave como Brasil y Argentina. La falta de inversiones y un marco legal estancado han dejado al país rezagado frente al crecimiento de Vaca Muerta y el Presal brasileño.

Un modelo agotado: caída de reservas y pérdida de mercados

Durante dos décadas, el gas natural fue la columna vertebral fiscal de Bolivia. Sin embargo, el deterioro se aceleró por la falta de exploración y las restricciones al capital privado.

La producción pasó de 61 MMmcd en 2014 a apenas 31 MMmcd en 2024, mientras las regalías cayeron más de la mitad.

El contraste con los vecinos es contundente:

  • Argentina desarrolló Vaca Muerta, el shale más dinámico del hemisferio, con proyecciones superiores a 300 MMmcd.
  • Brasil consolidó el Presal, acercándose al autoabastecimiento y reduciendo su dependencia del gas boliviano.

Con ambos países abastecidos, Bolivia perdió su lugar como proveedor estratégico del Cono Sur.

De la bonanza al declive: tres etapas del colapso gasífero
2000-2005: auge y expansión regional

Bolivia descubrió megacampos como San Alberto y San Antonio, consolidó el Gasoducto Bolivia–Brasil (GSA) y se convirtió en un exportador clave.

2006-2014: nacionalización y renta sin exploración

YPFB concentró el control del sector, los precios altos generaron ingresos récord, pero la exploración cayó drásticamente. Se consumieron reservas sin reponerlas.

2015-2024: agotamiento de campos y crisis financiera

La producción se desplomó, la balanza energética se tornó negativa y YPFB pasó de utilidades récord a pérdidas millonarias.

El riesgo extremo: Bolivia podría importar gas desde 2035

El especialista Álvaro Ríos advierte que, sin reforma, Bolivia deberá importar gas, con un costo estimado de US$ 5.700 millones al año.

Esto afectaría:

  • La balanza comercial, eliminando su principal sostén exportador.
  • Las finanzas públicas, que ya no recibirían regalías.
  • El abastecimiento interno, dependiente de combustibles más caros.

“YPFB necesita cirugía mayor, no maquillaje”, enfatizó Ríos.

La reforma urgente que podría evitar la quiebra gasífera

Ríos plantea una reestructuración integral:

  • Fin del monopolio y más competencia.
  • Precios internos alineados a costos reales.
  • Un regulador independiente.
  • Un sistema fiscal que vuelva a atraer inversiones exploratorias.

La elección es clara: reconstruir la industria o resignarse al colapso.

FUENTE: EL ECONOMISTA